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Martes, 25 Marzo 2014 00:00

Reflexiones para lectores voluntarios

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Oaxaca

Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca

Seguimos Leyendo

Cuando fui convocada a trabajar por primera vez con lectores voluntarios del programa, en el año 2012, estaba lejos de pensar en qué se iba a convertir nuestro encuentro inicial, en un salón del DIF. Desde el principio hubo una química excelente; el grupo recibía con entusiasmo las propuestas de trabajo y yo iba de sorpresa en sorpresa: los niños lectores de San Antonio de la Cal; los abuelos y abuelas, las audaces madres de familia.

Todas personas que hacen parte del programa Seguimos Leyendo, como lectores voluntarios en escuelas públicas. El grupo es increíblemente heterogéneo: amas de casa, maestras jubiladas y en servicio; costureras, jóvenes profesionales de distintas disciplinas, artesanos, y un largo etcétera que suele quedar en segundo plano durante los encuentros. Lo que nos reúne es la experiencia de mediación entre un libro y un grupo de niños.

A lo largo de estos encuentros descubrí un grupo extremadamente interesado en compartir experiencias, cada vez más dispuesto a la escucha, y con voluntad de tejer saberes con otros. Muy rápidamente pudimos entrar en materia, siempre la voz primera a cargo del grupo. Mientras se desmadejaba la experiencia (los conflictos, los momentos de gloria, los desconciertos y los frentazos) avanzamos a grandes brazadas en un camino lector individual y de grupo. Describo a continuación mi experiencia como coordinadora del círculo de lectura mensual para lectores voluntarios del programa Seguimos Leyendo, de la Fundación Alfredo Harp Helú de Oaxaca.

1) El espíritu de los encuentros mensuales.

El grupo surgió con la intención por parte de la FAHHO de dar un paso en el programa de formación de mediadores. Comenzó a haber en las escuelas una cantidad d electores comprometidos y conocedores, cuyas necesidades iban cambiando a medida que el proceso avanzaba. Era necesario buscar un esquema complementario a los talleres temáticos. Un espacio dedicado específicamente al mejoramiento continuo de la labor de los voluntarios, donde fuera posible compartir experiencias y recibir retroalimentación.

Había que ofrecer un eje que permitiese

  • profesionalizar la tarea de los mediadores
  • ofrecerles un espacio de desarrollo personal
  • mantener un espíritu de equipo

Se trata de un sábado mensual, en que los nos reunimos en sesiones de tres horas (un grupo en el turno matutino y otro en el vespertino), y dedicamos ese tiempo a explorar, mediante ejercicios y reflexiones conjuntas, diversos ámbitos del campo de la formación de lectores.

Algunas de las actividades que se llevan a cabo de forma transversal son las siguientes:

  • Socializar y poner en común las experiencias del mes en las escuelas. Solemos iniciar la sesión con una puesta en común de lo que sucedió durante el último mes en las escuelas. Conflictos, momentos de gloria, decepciones y frentazos se ponen sobre la mesa de diálogo. Los relatos se refieren a lo que sucede durante las sesiones entre el mediador y el grupo; a veces tiene que ver con la escuela y su dinámica. Muchísimas veces se relaciona con la selección de los materiales, así es que con frecuencia se presenta al grupo algún libro relacionado con el caso que se discute. Priorizamos aquellas situaciones que enfrentan un conflicto o una duda, y en grupo buscamos alternativas. Suele suceder que este tema lleva a otro: la lectura en casa, en el ámbito familiar del voluntario. Abundan las anécdotas que describen, con amor y con humor, el creciente interés de los miembros del entorno (¡incluso los más rejegos!) en el asunto de los libros y la lectura.
  • Espacio para comentar la biblioteca circulante. Contamos con un acervo de libros (de ficción la mayoría, algunos teóricos) dirigidos a jóvenes y adultos. Cerca de quince títulos, con varios ejemplares cada uno. Cada mes, los miembros del grupo tienen derecho a llevar en préstamo uno o dos títulos, y siempre se comparte la experiencia de lectura. Van tendiéndose redes muy interesantes, pues siempre hay más de un lector para el mismo título. Y entonces las diferentes perspectivas se complementan, enriqueciendo el significado. Esta actividad ha abierto la posibilidad a profundas reflexiones de los adultos sobre su historia lectora; pero sobre todo, ha despertado en el grupo un formidable apetito lector.
  • Leer en voz alta para el grupo. Como un refrendo del carácter de laboratorio que tiene el círculo, procuro siempre ofrecer una lectura en voz alta, a propósito de los temas que estén en el grupo en ese momento. En uno de los grupos hemos ido leyendo una novela por capítulos; en el otro la dinámica ha sido diferente, y alternamos más las voces y los géneros. Pero considero esencial que quienes tienen a cargo la tarea de leer para otros, disfruten periódicamente del regalo de una lectura en voz alta hecha con afecto y esmero.
  • Conocer y explorar libros juntos. Una cualidad del encuentro que los lectores han valorado mucho es la ocasión que se abre para descubrir nuevos materiales, y para ver con nuevos ojos otros, que creemos conocer muy bien. En este aspecto los avances en el grupo también son notables: la conciencia del peso central que tiene la elección del material ha crecido a ojos vistas. También las referencias y los recursos para hablar de los libros desde un discurso crítico capaz de ir mucho más allá del ‘me gusta/no me gusta’. Es uno de los momentos más esperados, y todo un eje de trabajo, pues más allá de la tarea inmediata (y esencial) de escoger material para leer en las escuelas, se trata de expandir cada vez más el conocimiento sobre el libro y la lectura. En cada sesión hemos trabajado con temáticas diversas: el amor, libros sin texto, libros para conversar, y otros. El material con el que trabajamos tiene tres fuentes: libros propiedad de la FAHHO, libros que aporto en préstamo de mi acervo personal, y libros aportados por los participantes.
  • Escribir. Muchas de nuestras actividades tienen un momento de escritura. Para fines diversos: listas, recomendaciones, textos de creación y exposición de ideas, escrituras autobiográficas, reflexiones diversas. Paralelamente iniciamos una línea de producción de material escrito y herramientas que puedan ser de utilidad a otros mediadores. Como primer producto nos propusimos ‘Los imprescindibles’, una lista de títulos, recomendaciones, pistas y criterios sugeridos por los lectores, y emanados de la experiencia.

Actividades que hacemos de manera esporádica:

Explorar de diversos espacios de circulación de la cultura escrita. Visitamos una librería, y socializamos la experiencia. Múltiples frentes y horizontes se abrieron a la valoración del grupo de lectores. Dio pie a una importante reflexión sobre el lugar que los mediadores ocupan en la cadena del libro. Está pendiente aún la visita a una biblioteca y a un espacio público abierto.

Compartir nuestras lecturas de un texto teórico. Iniciamos un rico ejercicio de lectura lenta de un artículo esencial para el andamiaje teórico de las intervenciones. ‘Dime’, de Aidan Chambers. Un texto fundamental para el programa, conocido para varios de los lectores voluntarios, pero que logramos abordar desde una perspectiva (y una experiencia) distintas. Ha sido un espacio muy demandado, la experiencia de pensar juntos fue algo inédito para muchos, y altamente estimulante. La idea es continuar y hacer permanente esta tarea mensual.

Trabajar con niños en grupo de mediadores. Vivir el trabajo conjunto con otros promotores, y tener la ocasión de observar, registrar y socializar la experiencia abre posibilidades insospechadas de autoobservación y crecimiento personal. En preparación, intervenciones colectivas en bibliotecas y otros espacios públicos

 

2. Qué ha pasado

Hemos ido expandiendo las fronteras. No sólo de lo que hacemos en las horas de voluntariado, sino también de lo que sucede entre nosotros mismos y los textos, y el mismo término ‘lectura’ es puesto constantemente a prueba con muy diversos ejercicios, con lo que se expande mes a mes en la concepción de los lectores. Traigo a colación el descubrimiento de una de las lectoras, en la última sesión: “Ahora veo que no es sólo leerles el cuento a los niños sin más; lo que hacemos es mostrarles que existe otro lugar, un lugar que no se ve y que nos hace personas. Esa vida interior, existe, está dentro de todas las personas, chicos y grandes. Y mejor aún: hay gente adulta que lo sabe y lo valora. El propósito de leer en voz alta ha crecido, se ha vuelto muy importante.”

Al grupo se han sumado nuevos compañeros. Lectores que cumplen ya algún tiempo en el programa, o que se interesan de manera especial. Esto ha sido muy benéfico. Da un aire fresco al grupo, pues no permite que los roles se anquilosen. Ofrece a los veteranos una oportunidad de compartir lo que han aprendido, y a los recién llegados una red de apoyo importantísima para entender y afinar la tarea.

Hay que decir que las conversaciones en el grupo han ido tomando un vuelo filosófico importante. De manera tácita, se ha ido asumiendo este círculo de lectura como un sitio natural para la reflexión en torno a las motivaciones, el mundo simbólico, las cuestiones éticas e ideológicas. Destaca el hecho de que la palabra se reparte bastante bien entre todos los miembros. Destaco la capacidad de escucha, que se ha ido agudizando y afinando. Esto último ha ido acompañado de la lectura de Momo por parte de la mayoría de los compañeros. Michael Ende mismo nos ayuda a reflexionar sobre este tema, en discusiones salpicadas por doquier de citas y ejemplos.

El aprecio del grupo por esta actividad es manifiesto (y recíproco. También para mí esta visita mensual a Oaxaca es un lujo). Todos manifiestan sentir que han crecido, que sus perspectivas se han ampliado, que se sienten más involucrados con la tarea, con menos trabas personales. Más seguros de sí mismos y de los hondos fundamentos de su actividad. Comprometidos de manera creciente con los intereses de los grupos (esto se ve claramente en los mecanismos y criterios de selección de los materiales).

La escritura ha detonado también descubrimientos sobre las capacidades personales. Escribir expande la lectura y expande también la noción de uno mismo. En este sentido el grupo muestra una disposición absoluta a la lectura, y hay ejemplos de un talento notable. Hemos logrado un grado de franqueza que hace que cada texto brille con luz propia, revelando cada vez más sobre la mano que lo produjo. De esta manera, casi un tercio del grupo ha iniciado o retomado la escritura de un diario personal, casi todos han reactivado su bitácora de notas y el entusiasmo a la hora de compartir sus escritos es notable.

Esta experiencia (aún en curso) me ha abierto perspectivas en lo profesional y en lo personal que rebasan ampliamente lo que esperaba en un inicio (¡que ya era mucho!). Cada vez más convencida de que las experiencias sistemáticas, planeadas y con visión de largo plazo son la apuesta que vale la pena hacer, y de que por definición, se trata de una labor plural y colectiva.

Carola Diez
Coordinadora del círculo de lectura mensual para Lectores Voluntarios del Programa "Seguimos Leyendo"
Octubre 2013- junio 2014

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